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El Viejo Expreso Patagónico

Siguiendo las rutas de nuestro país hacia el sur, apuntando precisamente a Esquel (Chubut), podemos realizar un viaje a través del tiempo subiéndonos al Viejo Expreso Patagónico, más conocido como "La Trochita", para recorrer así el inmenso paisaje que se tiñe con diferentes tonos según las épocas del año. Este tren de trocha angosta parece aún más pequeño cuando se lo compara con la inmensidad del paisaje, al recorrer las tierras despobladas y semiáridas de esta zona, que por momentos son apenas ondulantes y en otros tramos presentan desniveles muchos más abruptos, con pronunciadas curvas a lo largo de todo su trayecto, imprescindibles para su frenado.

Historia

En el pasado tenía gran importancia como medio de comunicación y transporte, en una época donde existían pocos y dificultosos caminos y en la que el ferrocarril era lo más moderno y adecuado para las superficies del terreno de esta región. Entonces era imprescindible para el traslado de la lana, la madera, el ganado, las frutas y los dulces a pueblos como Esquel, Trevelín, El Maitén. Más tarde, el progreso trajo nuevas rutas, modernos y ágiles vehículos, y el tren quedó como un transporte obsoleto, por lo cual en diciembre 1993 el Gobierno Nacional decidió el cierre definitivo por razones económicas. Sin embargo, siguió funcionando con locomotoras a vapor de más de setenta años de antigüedad, lo que lo convirtió en una de las mayores atracciones turísticas de la zona y, por tal motivo, reanudó su marcha en febrero de 1994 como Tren Provincial de Chubut (Esquel-El Maitén), y más tarde, en mayo del mismo año, como Tren Provincial de Río Negro (Ingeniero Jacobacci-El Maitén).

El pasado estacionado

La estación de Esquel guarda las características de la época en que fue construida y dentro de las oficinas, donde se compra el boleto, pueden observarse objetos en exposición, como faroles de mano para señales o lámparas a querosene. Enfrente, la calle se encuentra mucho más elevada por el declive natural del suelo y es un perfecto anfiteatro para ver partir a "El Trochita", el que contrasta con los colores del paisaje, mezclándose con las personas del lugar, de estatura pequeña y rasgos que las identifican como directos herederos de sus antepasados, los indios mapuches.
La desértica estación puede confundirse con una foto que toma movimiento cada vez que se acerca la hora y los turistas se preparan para la nueva experiencia de viajar en un tren del pasado, mientras el Viejo Expreso Patagónico sale del taller para comenzar su andar, da la vuelta y se acomoda para la partida. Estando la locomotora ya en posición de salida, calienta los motores y el humo blanco del vapor se eleva cubriendo todo el tren hasta hacerlo desaparecer como a un fantasma de otros tiempos que revive con el sonar de su bocina, la que avisa que falta poco para comenzar el viaje por las estepas patagónicas. El protagonista de esta historia es retratado por todos incansablemente y así recorre el mundo sin salir de la Patagonia.

El pasado andante

Las locomotoras Baldwin o Henschel son las encargadas de mover el coche comedor y a dos tipos de vagones, los de clase turista con asientos de madera originales del año 1922 y los de primera clase con asientos tapizados. En ambos casos no falta la salamandra para convertir más cálido el ambiente en esos duros días de invierno con nevadas y fuertes vientos típicos del sur argentino. Así comienza la aventura en "La Trochita", con una velocidad máxima de sesenta kilómetros por hora. Todo el trayecto cuenta con siete estaciones: Ingeniero Jacobacci, y Esquel son las terminales, y entre ellas aparecen Cerro Mesa, Ñorquinco, El Maitén, Lepa y Nahuelpan. Son 620 curvas para atravesar una zona montañosa en su mayor parte sin vegetación y despoblada. El primer tramo, tomando como kilómetro cero la terminal de Jacobacci, presenta un terreno ondulante y suave. Luego de un ascenso de doscientos metros se alcanza una altura mayor a los mil metros sobre el nivel del mar. Cuando llega al río Chico, el valle se encajona quedando espacio suficiente sólo para el agua. Por este motivo, el tránsito continúa en el corte realizado en la ladera rocosa de una montaña, que lo hace aún más encantador cuando la cordillera tiene sus picos nevados.
Más tarde, llega un puente de 105 metros de largo y un túnel, que se erigen en los dos puntos más importantes del trayecto. Después el tren transita por el valle del río Ñorquinco, que contrasta en su vegetación con el resto del paisaje. Antes de llegar a la terminal de Esquel, circula por la laderas rocosas del valle del arroyo homónimo y ofrece, entonces, una vista panorámica de la ciudad.
En El Maitén se encuentran los talleres principales, en donde un grupo de hombres se convierten en creadores del pasado cada vez que deben reparar parte del tren, y utilizan toda su imaginación para fabricar como artesanos las piezas faltantes.

Fotos

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