Ushuaia es la ciudad del fin del mundo y hasta ella acuden los turistas de todos los lugares del globo para hacer cualquier cosa, pero "en el fin del mundo". Esta especie de boom turístico que ha vivido Tierra del Fuego motivó ciertas inversiones entre las que se cuenta el Ferrocarril Austral Fueguino (FAF).
En realidad éste es una recreación de la cruda historia que vivieron los presidiarios en estos confines. Lo que hoy parece cercano al paraíso alguna vez osciló por el infierno, y no justamente por el calor. El frío requería que los habitantes de principios de siglo consumieran mucha leña para sobrevivir, y el bosque andino patagónico con sus lengas, ñires y cohiues la proveía.
A medida que se consumía había que ir a buscarla más lejos y por eso se colocaron vías de trocha angosta.
El tren que hoy circula es un bonito paseo, con una parada didáctica que reproduce chozas de los indios yámanas, debajo de la cascada de La Macarena. De las locomotoras actuales dos son vaporeras: la Nora, tipo Garrat, y la Camila, de origen inglés. Las restantes son diésel propiamente dichas.
El tren sale de una pintoresca estación ubicada a ocho kilómetros de Ushuaia, y pasa por el Cañadón del Toro, el valle del Río Pipo y el Parque Nacional Tierra del Fuego, único caso en el país. Lejos de las penurias de sus orígenes, hoy los asientos están tapizados en pana y los vagones revestidos interiormente en caoba.
El Tren del Fin del Mundo tiene otras particularidades, como el vagón presidencial o especial, para ocho personas, con bar, toilette y azafata. También hay coches de primera con mesa para refrigerio y capacidad para dieciséis personas y de categoría turista para veinticuatro personas.
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